Periodismo transparente

Presente impresentable. Trataré siempre de ir al grano y no enrollarme demasiado. Tenéis tantísimas cosas por leer en la Red, que no quisiera quitaros mucho tiempo.  Pero como mejor se reflexiona es escribiendo, porque es así como realmente pones en orden tus ideas y es una forma de hablar contigo mismo, para mí la mejor.

Voy a estrenarme hablando del presente de la profesión que me ha traído hasta aquí, a raíz de la Ley de Transparencia (el viernes se aprobó el anteproyecto de ley).

Yo también soy de los que creen que el ejercicio del periodismo es la profesión más utópica y que menos se acerca a la realidad en su práctica. “Periodismo es indagar y buscar la verdad”, dice Soledad Gallego-Díaz en la conferencia de la Escuela de Periodismo EL PAÍS-UAM el pasado 15 de marzo. Periodismo también es periodistas independientes que comunican a ciudadanos educados con ideas propias y argumentadas. Al menos así debería ser. Los vicios y defectos del periodismo son el reflejo de una sociedad que ha perdido la confianza en su propia capacidad para participar en política, y no hay nada peor para la sanidad de la democracia que ciudadanos resignados e inactivos. La estrecha relación entre periodismo y política, no está en las declaraciones de políticos de aquí y de allá que los medios se empeñan en recoger para después publicar, sino en que comparten la transparencia como materia prima.

La democracia no ha llegado a todos los medios de comunicación, no sólo por las decisiones tomadas a espaldas de la publicidad dilapidando la transparencia, también por la autocensura que se imponen los periodistas y las limitaciones que hasta ahora han tenido por trabajar a las órdenes de las grandes empresas comunicativas. La correlación existente entre la opacidad y la falta de honestidad en el ejercicio del periodismo alcanza niveles incompatibles con el ejercicio del ideal periodista.

El periodismo está viviendo un proceso de cambio hacia no se sabe muy bien qué, pero es en los momentos de crisis cuando se hace necesario sacar lo mejor de cada uno para lograr sobrevivir. Sobrevivir renovando, innovando, sorprendiendo. Digo que no se sabe hacia donde se dirige el periodismo y por eso los más catastróficos apuestan por su desaparición definitiva, pero yo creo que en ese futuro difuso, se esconde una oportunidad única. Una oportunidad para cambiar los vicios y defectos de una profesión que, junto con la política, ha perdido la confianza de los ciudadanos. Puede que sea ahora el momento de aprovechar las nuevas condiciones que impone la red, donde los ciudadanos se sienten partícipes porque pueden ser escuchados, para dar un giro al rumbo y a la estructura periodística. Cambia el aquí y el ahora que se convierte en un todo continuo, cambian las formas de compartir, de participar, de escuchar, de opinar. Pero no olvidemos que al final todo lo que se demanda es comunicación pura. Los más recientes inventos que han cambiado la estructura social tradicional, son comunicativos, y es ahí donde tenemos la oportunidad. La revolución y el cambio en materia comunicativa es nuestro presente, y tenemos la posibilidad, diría incluso la responsabilidad, de aprovechar el punto de inflexión porque las opciones son infinitas.

Presente impresentable. Un presente que, quizás porque es la etapa de la vida en que debemos pensar que todo es posible, podemos probar a cambiar, o, al menos, decir que lo estamos intentando.

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